Los fantasmas se adueñaron este domingo de la Misericòrdia. Los conjuró el Atlàntida Mallorca Film Fest que echó a andar de manera oficial con la proyección de su película inaugural, Forastera, que es, precisamente, una historia de fantasmas. Los de los antepasados, las herencias, sentimientos de pertenencia y mucho más. El filme de la directora Lucía Aleñar, rodado en la Isla hace dos años, sirvió de punto de partida a lo que será una semana de cine y música non-stop y que ayer fue el pretexto para celebrar el resurgimiento de otro fantasma, el de ese continente que da nombre al festival, la Atlàntida, que por 16 vez vuelve a Mallorca en una noche inaugural en la que otro ente fantasmagórico se comía la actualidad: la masificación turística y la manifestación en contra de la misma que rodeaba la Misericòrdia.

Y es que se lo crean o no, mientras Jaume Ripoll, director y fundador del festival, daba su discurso de apertura del Atlàntida, no muy lejos de allí decenas de miles de personas se manifestaban en contra de la masificación que sufre la Isla. Curiosamente, el conseller de Turisme i Cultura del Govern, Jaume Bauzà, habló en el inicio de los parlamentos en La Misericòrdia, pero hizo caso omiso a esa realidad que estaba ocurriendo a tan solo unos metros. Como en una de esas películas de fantasmas en las que el protagonista ve que algo raro está pasando en el sótano, pero no dice nada, a ver si se soluciona solo.
Bauzà prefirió centrarse en el acto que le ocupaba, asegurando la «apuesta» decidida que tanto el Govern como el Consell, representado por su vicepresidenta, Antònia Roca, hacían por el certamen fílmico-musical.
Recogió el testigo el propio director del festival, Jaume Ripoll, que realizó una triple acción: «Un agradecimiento, un reconocimiento y un recordatorio». Este último, triple también, ya que Ripoll tuvo palabras para Joan Roca, bajista de Antònia Font fallecido esta misma semana de manera repentina, así como para Ignasi Camós, exdirector del ICAA, y a José Luis Cienfuegos, responsable de festivales como el de Sevilla o Gijón.
Tras las palabras de Ripoll llegó la actuación de Laaza, que amenizó una velada muchísimo más fresca que las últimas que hemos tenido con su dulce concierto que sirvió de preludio al homenaje a Rafa Ruíz, haciendo que los fantasmas volvieran en forma de los viejos cines de Palma.
Ruiz fue el artífice de algunos de los carteles cinematográficos más icónicos de las salas de Ciutat, como sus míticas obras que poblaban la fachada del Metropolitan y que hasta hace unas semanas se podían ver en la exposición Palma, ciutat de cinemes ubicada a tan solo unos metros de donde el propio Ruiz hablaba ayer. «Me parecía un trabajo como otro cualquiera», decía el artista mientras el poeta Biel Mesquida le entregaba su reconocimiento por su labor no solo estética, sino también de difusión de la magia del cine durante décadas.

Finalmente, le llegó el turno a Lucía Aleñar, acompañada por sus protagonistas en Forastera: Lluís Homar y Zoe Stein. Aleñar habló de que «Mallorca es un personaje más de su filme», uno que trata de una joven que durante sus vacaciones veraniegas pierde a su abuela con lo que ello supone para su familia.
Su historia de fantasmas es, pues, deliciosamente tratada desde lo íntimo, desde lo familiar, pero Mallorca y la Misericòrdia están repletas de fantasmas de muchos tipos, desde los cines que ya no tenemos a las películas que no se han rodado a los problemas con el turismo que no hacemos más que ignorar. Los fantasmas, como enseña la recientemente estrenada Odisea de Nolan, nos acompañan a menos que los enfrentemos, ya sea en forma de viaje al inframundo o, si se puede ser, de expiación en una sala de cine. Lo primero es un poco difícil, pero lo segundo, por fortuna, está al alcance de la mano y durante una semana habrá 108 opciones para hacerlo con un Atlàntida que emerge de su letargo para hacer vibrar otra Isla, una que, precisamente, necesita vibrar por algo que no sean los aviones aterrizando ni los pisos de lujo construyéndose.

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