El director mallorquín celebra el 20 aniversario de su primer largometraje, que regresa a la Sala Rívoli el próximo 28 de julio con una versión remasterizada y la presencia del actor Álex Brendemühl

Veinte años después de su estreno, Yo vuelve a la gran pantalla. Con motivo de esta proyección especial, el director recuerda cómo nació la película que marcó su trayectoria, reflexiona sobre el legado de una obra convertida en título de culto y habla de los retos de seguir haciendo cine desde Mallorca.
Han pasado veinte años desde el estreno de Yo. Cuéntenos como nació y qué siente al verla regresar ahora a la gran pantalla.
Yo surgió del intento de dar explicación a un violento exabrupto de un alemán en medio de las fiestas del pueblo de Estellencs, algo que presencié teniendo unos diez años y cuyo recuerdo me persiguió durante años. Alex Brendemúhl y yo nos propusimos escribir la historia de cómo alguien aparentemente tranquilo, explota públicamente un día, tratando de encontrar el sentido profundo detrás de sus acciones. La película servía para hablar de algo tan sencillo y universal como son las concesiones que puede tener que hacer alguien para encajar en un lugar. Proyectarla de nuevo es como cuando te encuentras a un buen amigo que hace años que no ves y te parece que nada ha cambiado, aunque hayan cambiado muchas cosas. Es la misma cinta, hoy redigitalizada para celebrar el 20 aniversario de su rodaje y yo siento que todas sus intenciones se mantienen intactas.
En su estreno la película recorrió el mundo, pasó por alrededor de 120 festivales y recibió reconocimientos como el Premio Película Revelación en Cannes. ¿Era consciente entonces de que estaba viviendo un momento tan excepcional?
Creo que no, uno nunca sabe dónde están los límites. Muchas veces me parecía un exceso el número de selecciones, los premios, en otras sentía que las cosas no funcionaban tan bien. Pero sí recuerdo una sensación de liberación, de que de repente todo el esfuerzo que conllevó hacer la película se hacía visible para los demás, de que había valido la pena.
Quizá paradójicamente, ¿la película tuvo una mayor repercusión internacional que en España?
No éramos nadie en un país en el que no había mucho hueco para las sorpresas. La prensa internacional se volcó y nos convertimos en una de las cintas mimadas de los festivales. Fue un año y medio sin apenas pasar por casa, arrastrando una maleta con ropa para cualquier estación y situación. En todo caso, si bien no tuvimos mucha visibilidad en salas, España tampoco nos dio del todo la espalda. Varios festivales nos premiaron la película y la interpretación de Alex, y el programa Versión Española de TVE nos eligió como mejor película del año.
o vive una segunda vida en el Atlántida Film Festival ¿puede una película encontrar nuevos espectadores dos décadas después?
Yo no fue hecha en exclusiva para el público de su momento, intentamos hacer con ella algo atemporal. El hecho de que Jaume Ripoll, máximo responsable de Filmin, la escogiera en su listado de las diez mejores películas catalanas de todos los tiempos, y que el equipo del festival Atlántida nos rinda ahora este homenaje, es una maravillosa señal. Ahora se verá. El Atlántida está creciendo en prestigio e importancia, gracias a un criterio fino, a mucha pasión y mucho esfuerzo. No me imagino que pudiera recuperarse Yo en un lugar mejor.
¿Conserva algún recuerdo especial del rodaje en Mallorca?
La última jornada de rodaje fue de madrugada y con efecto lluvia. Cuando dimos la última toma por buena, el equipo empezó a celebrar, mientras el ayudante de dirección pedía que cortasen el agua artificial. Pero el agua seguía cayendo. Después de unos gritos hacia el tejado, nos dimos cuenta de que lo que estaba cayendo ahora era lluvia real que se había ido añadiendo a la lluvia ficticia, como un DJ funde una canción con la siguiente hasta que solo queda la nueva. Sentimos que los cielos no querían que aquello terminara: fue la mejor experiencia de rodaje que hemos tenido muchos.
¿Qué escenas le emocionan o le sorprenden hoy al volver a verla?
Una de mis secuencias favoritas es la que Rafel Ramis y Álex están en una cocina, en la que el primero habla con nostalgia de Hans, su amigo desaparecido. Ramis improvisó toda la secuencia de acuerdo con unas indicaciones y su conocimiento del personaje, en una toma larguísima, llena de pausas, de imperfecciones, de vida. Nos olvidamos de que estábamos rodando, como si nos hubiéramos colado en las vidas de esas dos personas en un momento tan íntimo. El equipo aplaudió cuando cortamos. Y Rafel se giró preguntándose: ¿Qué ha pasado? ¿A quién aplauden ahora?
Álex Brendemühl ha dicho recientemente que Yo es su película favorita de todas las que ha interpretado. ¿Qué supone escuchar eso veinte años después?
Que un actor de su nivel, que ha pisado la alfombra roja de Cannes tantas veces, que ha sido escogido mejor actor en los principales festivales internacionales, diga esto de una película tan pequeña como Yo pues, como poco, la engrandece. Pronto volveremos a trabajar juntos, en un proyecto en el que resucitaremos, veinte años más tarde, a Hans, ese particular alemán que interpretó en Yo.
¿Hay cosas que hoy rodaría de otra manera? ¿Que descubrirá alguien que vea Yo por primera vez?
No tocaría nada. Lo que es probable es que no se me ocurriera contar una historia así ahora. Estoy en otro momento. Me gustaría que la película funcione como entonces, dejando al público con preguntas que nadie ha de saber contestar y las certezas necesarias. Me pregunto si algunas secuencias contendrán ideas o frases que hoy puedan sonar poco woke. Pero bueno, como improvisamos los diálogos, siempre podría intentar echarles la culpa a los actores (ríe).
¿Cree que Yo marcó la manera en que ha entendido el cine durante estos veinte años?
Uno no prevé mucho de lo que acaba haciendo, especialmente en los primeros proyectos, pero una vez hechos generan un hito, una referencia para todo lo demás. Y Yo no era una película convencional. Me dicen a menudo que es una película de culto. Una rara avis. Yo solo siento que, artísticamente, soy consecuencia de esa película y que me debo a ella.
¿Qué ha aprendido en este tiempo?
Además de lo obvio de la técnica y el sector por la experiencia acumulada, creo que lo más importante que he aprendido está en el conocimiento sobre mis habilidades y mis limitaciones. Cuando me encuentro ante un proyecto, me es más fácil anticiparme: si voy a disfrutarlo, si le voy a sacar partido, si me voy a entender fácil con un actor o si va a suponer un gran esfuerzo y si, gracias o a pesar de ello, el resultado va a ser bueno.
Ahora prepara un nuevo proyecto con la intención de volver a rodar en Mallorca. ¿Qué le atrae de regresar a la isla?
Me atrae todo. No concibo fácilmente proyectos fuera de Mallorca. Pero Mallorca no favorece la producción de cine, lo cual resulta sorprendente, cuando el resto de las comunidades del país se pegan por retener y atraer proyectos, ya que hay datos comprobados de la enorme repercusión económica y reputacional que los rodajes suponen para el lugar donde se rueda. Vamos lentos. Pero bienvenido sea cuando llegue.
¿Qué cree que debería cambiar para que más cineastas pudieran hacerlo?
Para hacer más cine, quizás primero deberíamos conectar con un orgullo de comunidad, una voluntad identitaria, que nos interesara que se conociera lo que somos, para revertir esa idea de que sólo servimos para una cosa. Eso se traduciría en empujar áreas complementarias al turismo, un sector en el que, sin duda, somos muy buenos. Al final, todas las actividades se retroalimentan. La apuesta por el cine es prioritaria y estratégica en todo el mundo, no sólo institucionalmente sino desde el sector empresarial y en Mallorca parece que no nos hemos dado cuenta.
¿Sería posible producir hoy una película como Yo?
Seguramente no como se hizo entonces. Hoy costaría tres o cuatro veces más, y hacerla en Mallorca, con un presupuesto medio, sería tan difícil como es hacer cualquier película que pretenda situarse aquí. Y eso, sumado a una vocación tan poco comercial. Probablemente hoy no fuera posible y quizás eso le da un extra de sentido a que se vuelva a proyectar.
¿Qué le sigue ilusionando como director?, ¿qué historias siente que todavía necesita contar?
Tengo tres proyectos de largo: Raymond, que es una película en la que cuento una historia de amor atravesada por un conflicto de clases en la Mallorca actual; Llull, en el que exploro las consecuencias de un suceso inexplicable, que algunos interpretan como un milagro, en la Palma de finales de la presente década; y la adaptación de una novela histórica, de la que todavía no puedo dar muchos detalles, pero que me toca e ilusiona especialmente, también ubicada en la isla. En todos estos proyectos me intereso por aquellas cosas que hacen que las personas seamos como somos, mi tema principal, y en todos ellos trato de hacerlo desde mi isla.

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